Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 27° Ordinario

Al escuchar la lectura de este pasaje del evangelio, me nace el lamento de que la principal instrucción de Jesús sobre el matrimonio sea a partir de su fracaso. A Jesús le preguntan, para ponerlo a prueba, si le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa. Es decir, si el divorcio es la solución adecuada para un fracaso matrimonial. Me lamento que nunca le preguntaran a Jesús, ¿qué deben hacer un hombre y una mujer para comenzar bien su matrimonio?, ¿cómo debe ser el matrimonio de un hombre y una mujer? A Jesús le preguntan si existen razones que legitimen la disolución de un matrimonio. Solo a partir de allí podemos deducir lo que Jesús pudo pensar en positivo del matrimonio. Tenemos que elaborar una enseñanza sobre el matrimonio a partir de esta respuesta de Jesús y otros pasajes de la Escritura.

La respuesta de Jesús es astuta. Responde con otra pregunta. ¿Qué les prescribió Moisés? Jesús bien sabía que en la ley de Moisés, en el libro del Deuteronomio, hay una cláusula que permite el divorcio. Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa. Lo interesante de la respuesta de Jesús es que si bien el Deuteronomio era tenido por palabra sagrada, Palabra de Dios, Jesús va a reducir la disposición de Moisés a palabra puramente humana al contraponerle otro texto de la Escritura en donde actúa y habla el mismo Dios. Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. La ley, la norma que verdaderamente gobierna la situación es la disposición de Dios en la creación. No es una ley escrita en un libro, sino inscrita en la misma existencia humana, en la naturaleza. Dios los hizo hombre y mujer. Esa es la primera ley. En Génesis 1,27 el autor hace esa constatación que se refiere a la obra de Dios en la creación. La diferencia sexual está ordenada al matrimonio, a la procreación, a la ayuda mutua. El matrimonio es entre un hombre y una mujer; no entre dos hombres o dos mujeres, o un hombre con dos mujeres; o una mujer con dos hombres.

La segunda ley dice así: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. Esta declaración se encuentra en Génesis 2,24. El matrimonio tiene su raíz en esa atracción afectiva, sexual, personal que siente el hombre por la mujer y viceversa, que es incluso superior al afecto filial hacia los padres. De modo que los dos llegan a ser una sola cosa. El autor del Génesis probablemente está pensando en la unión sexual. Pero Jesús piensa en algo más permanente, que va más allá de la fugaz unión sexual, pues concluye: De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre. En esta última afirmación Jesús da un salto que no nos explica. ¿Cuándo fue que Dios unió al hombre y a la mujer de modo que sean una sola cosa? ¿Tiene para Jesús la unión sexual del hombre con la mujer unas consecuencias que la trascienden, de modo que la momentánea unión de los cuerpos establece y se prolonga en una unidad de vida indivisible? Pareciera que sí. Es con este argumento que Jesús suprime la posibilidad del divorcio, permitida por Moisés y establece la unidad del matrimonio como una realidad establecida por Dios entre la pareja a través de la unión sexual.

Los discípulos de Jesús no asimilan la enseñanza, pues es contraria a la práctica que ellos conocen. Por eso le vuelven a preguntar sobre el asunto del divorcio. Jesús es claro y tajante: Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio. La consecuencia es clara. Si el matrimonio tiene esa cualidad, de ser una entrega mutua indivisible, con cuánta seriedad y preparación se debe asumir. Cuánto diálogo y reflexión previa debe haber entre quienes se van a casar para comprometerse mutuamente con total madurez. Cuánta capacidad de diálogo y de perdón mutuo debe haber durante el matrimonio para superar los obstáculos, los problemas y las incomprensiones que se dan.

Ahora bien, esta enseñanza de Jesús está incompleta, porque Jesús solo respondió a la pregunta sobre el divorcio. Pero la unión sexual entre un hombre y una mujer tiene por su propia naturaleza una finalidad generativa de vida. Ciertamente la unión sexual del hombre y la mujer expresa la entrega mutua que ambos hacen de sus personas y por eso establece la unión indivisible en la pareja. Pero la unión sexual de por sí está orientada también a generar la vida. Jesús nunca lo enseñó, porque nunca se lo preguntaron, porque no era un problema de su tiempo. Pero a partir del significado de la unión sexual, la Iglesia enseña que la unión íntima entre los esposos tiene su pleno significado no solo cuando es expresión de su mutuo amor, sino cuando simultáneamente también mantiene su capacidad de engendrar vida. Esta enseñanza se ha hecho apremiante, cuando se han desarrollado medios para anular la capacidad generativa del acto sexual y mantener solo el significado unitivo. Y es que la sexualidad exige gobierno, disciplina, es decir, ejercicio de la castidad, incluso en el matrimonio. La sexualidad en el matrimonio se vuelve más humana y personal en la medida que deja de ser una fuerza ciega instintiva y se convierte en un dinamismo personal, gobernado por el afecto y la razón.

Para lograr esto hace falta espiritualidad, madurez humana, diálogo entre la pareja. Ciertamente el ambiente erotizado en que vivimos y la poca instrucción que damos los sacerdotes sobre estos temas y la poca voluntad de los novios de recibir formación hace que los matrimonios sean precarios, se inicien con una mínima formación y por motivaciones equivocadas, y que muchas veces la sexualidad en el matrimonio tenga rasgos de búsqueda del placer y no tanto de entrega mutua en el amor abierto a la vida. Es mucho el camino que hay que andar. La pastoral familiar en las parroquias intenta hacer su contribución, pero sin duda debemos hacer mucho más. Que esta lectura de hoy nos motive tomar conciencia de la necesidad de tener matrimonios bien fundados como base para tener familias sólidas, en las que el amor y el respeto de unos con otros sea el signo de la unidad.

 
VATICANO CELAM GUATEMALA CLAR AGUSTINOS RECOLETOS JAR AGUSTINIANO RADIO MARIA