Horario Parroquial

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Domingo 17° Ordinario

Durante los domingos de este año litúrgico, estamos escuchando pasajes tomados del evangelio según san Marcos. Pero al llegar al punto donde san Marcos narra el episodio de la multiplicación de los panes, hemos cambiado al evangelio según san Juan para leer el relato de ese milagro allí y también el resto del capítulo 6. Durante cinco domingos, hasta finales de agosto, escucharemos la lectura de ese importante capítulo, en el que Jesús se presenta y se revela como el pan que da la vida eterna. Jesús, con cinco panes de cebada y dos pescados, da de comer a una multitud, en la que solo los hombres eran cinco mil. Al día siguiente, en Cafarnaúm explicará que el milagro era simplemente un símbolo del significado de su persona para la humanidad. Hoy nos detendremos en el milagro.

Jesús atraviesa el Lago de Tiberíades y se desplaza al lado oriental. Mucha gente lo sigue porque había visto cómo curaba a los enfermos. Sin embargo da la impresión de que no les presta atención. Sube a un monte y allí se sienta con sus discípulos, posiblemente para hablarles de Dios y de la vida eterna y enseñarles así dónde está el norte de la vida del hombre en la tierra. El evangelista hace referencia a una fecha. Está cerca la pascua de los judíos. ¿Qué importancia tiene ese dato? Quizá en aquella época, esa gente que seguía a Jesús, todos ellos judíos, al acercarse la Pascua se acordaban del camino de sus antepasados por el desierto, se acordaban de Moisés que los había guiado a la tierra prometida, se acordaban cómo Moisés los había alimentado con el maná. Ciertamente nosotros los cristianos, al leer que estaba cerca la pascua, pensamos en que una o dos pascuas después, Jesús moriría en la cruz y daría su vida por nosotros. Al escuchar que se acercaba la pascua judía, nosotros los cristianos pensamos que Jesús, en otra pascua, unos años después, instituyó la eucaristía y se nos dio como pan de vida eterna.

De repente Jesús pregunta a Felipe cómo hacer para alimentar a la muchedumbre. El evangelista Juan no dice que ya fuera muy tarde o que no hubiera sitio donde comprar o que la gente tenía hambre. Solo destaca que Jesús quería alimentar a la gente. De este modo nos transmite un mensaje. Jesús quiere alimentar al pueblo, quiere darse en alimento. No es la necesidad de la gente lo que lo motiva o lo impulsa; es la generosidad de su amor por nosotros que lo impulsa a tomar la iniciativa. Pero primero pregunta a Felipe, no porque espera que Felipe le dé la solución, sino para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Es decir, con su pregunta, Jesús hace que Felipe se dé cuenta de que con los recursos humanos disponibles no es posible alimentar a la multitud. Con los solos recursos humanos, ni con doscientos denarios se podría comprar suficiente alimento para la multitud. No solo no es posible alimentar con pan material a esa multitud, sino que mucho menos pueden los recursos humanos dar la vida eterna, saciar el hambre de Dios del corazón humano. El único que puede calmar el hambre de Dios es Jesucristo. Jesús quiere ver si Felipe capta cuál es su preocupación: mostrar cómo él, Jesús, es el único que sacia el hambre del corazón humano. Parece que Felipe no lo capta del todo.

Aun así, otro discípulo, Andrés hace la observación de que hay allí un muchacho con cinco panes y dos peces. Los vendedores ambulantes de comida han tenido siempre la habilidad para llegar donde están las multitudes y hacer unos centavos. Pero también Andrés reconoce que eso es insuficiente según el cálculo humano. Pero a Jesús esos cinco panes y dos pescados le van a servir para transmitir un mensaje. Manda que la gente se siente en la hierba abundante del lugar. Como dice el salmo 23, en verdes praderas me hace recostar el Señor, mi pastor. La gran multitud nos muestra cuán generosa y grande es la mano del Señor para sus dones; no solo para dar en cantidad, sino también en calidad.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Jesús mismo reparte. Seguro que también lo ayudaron los discípulos; eso dicen los otros evangelistas. Pero san Juan menciona solo a Jesús, porque es de él y solo de él de quien viene el regalo del pan. Hay un simbolismo en el relato, como hay un simbolismo en la disposición de que el ministro ordinario de la comunión sea el sacerdote o el diácono, que representan a Jesús. Para que quede patente de quién viene el don.

Y para que conozcamos la magnitud del don de Dios a través de Jesús, hasta hubo sobras. En una casa pobre, en una sociedad pobre, no sobra nunca nada. Solo cuando hay riqueza y abundancia, puede haber sobras. Y las sobras no se tiran a la basura, sino que se recogen para un siguiente tiempo de comida. Jesús ordena que se recojan las sobras para que no se desperdicien. Y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos. Con el maná del desierto nunca hubo sobras. Es más, dice la Escritura que cada persona debía recoger lo que necesitaba para comer, pero unos recogían más y otros menos, pero al medir las porciones ni el que recogía de más tenía sobras ni al que recogía de menos le faltaba qué comer (cf. Ex 16, 15-18). Pero con Jesús hay sobras, porque aunque sean muchos los que necesitan saciarse del pan que él les da, siempre hay para otros muchos más. Se recogen para que también a otros aproveche lo que Jesús da, aunque esa parte ya no nos la cuenta el evangelista.

Cuando la gente se da cuenta de lo que ha ocurrido, reconoce primero que este es en verdad el profeta que había de venir al mundo, como había prometido Moisés. Reconocen que Jesús es el salvador esperado. Pero no entienden que, aunque Jesús ha dado pan abundante, su misión no es solucionar el hambre del cuerpo, sino que ha venido a saciar el hambre de vida eterna, de sentido espiritual, el hambre de Dios. Por eso Jesús rechaza la pretensión de la gente de hacerlo rey, porque con esa entronización, pretenden que él siga suministrando pan, que permanezca para solucionar los problemas de hambre, vivienda, enfermedad, educación, tierra y medio ambiente. Pero Jesús no ha venido para eso; eso nos corresponde a nosotros. En Cafarnaúm les enseñará a ellos y a nosotros a buscar en él el pan que da vida eterna. Lo escucharemos en las semanas venideras.

 
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