Horario Parroquial

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Domingo 15° Ordinario

Cada domingo la Iglesia nos presenta un pasaje del Evangelio, y tratamos de obtener algún fruto de su lectura y meditación. Pero no prestamos atención a la secuencia de pasajes. ¿Qué hizo Jesús antes de enviar a sus discípulos en misión? En esta ocasión es interesante observar que el pasaje anterior a este es nada menos que el rechazo que Jesús sufrió en su tierra natal, Nazaret, cuando no pudo hacer ningún milagro por la falta de fe de la gente. Inmediatamente después, san Marcos narra este pasaje que hemos escuchado hoy, cuando Jesús envía a sus discípulos en misión y se queda solo.

El fracaso en Nazaret no le resta motivación para seguir anunciando la Palabra a quien la quiera escuchar y por eso ahora envía a los Doce en misión. Y es que el éxito de la obra misionera no se mide por los logros alcanzados, sino de haber cumplido el encargo recibido. Este envío de los Doce es como un anticipo, un ensayo de lo que será su misión después de la resurrección.

Dos cosas conviene observar en este envío. La primera es la finalidad; ¿para qué los envía Jesús? Cuando hacemos esta pregunta, observamos que les dio poder sobre los espíritus inmundos, y que los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento. Expulsaban a los demonios, ungían con aceite a los enfermos y los curaban. A la luz de estas palabras, pareciera que la principal misión de los Doce fue combatir a los demonios. ¿Fue ese un encargo para aquella época o la expulsión de demonios sigue siendo hoy la principal misión de la Iglesia? Al final del evangelio de san Marcos, cuando Jesús resucitado envía ya de manera definitiva a los Doce, la expulsión de demonios es uno de los encargos, junto con el anuncio del Evangelio y del bautismo para alcanzar la salvación. ¿Cómo ha cumplido y cómo cumple la Iglesia esa misión hoy? El demonio está presente de muchas maneras. La principal forma de presencia del demonio en el mundo y en el hombre se manifiesta en la maldad, en la perversidad moral, en la deshumanización a la que llegan las personas y la misma sociedad cuando se convierten en esclavas del mal y del pecado. La Palabra del Evangelio y la gracia de Dios llevan siempre luz a esas tinieblas, llevan siempre liberación a esas esclavitudes. Jesús dio y da poder sobre los espíritus inmundos cuando da poder para perdonar los pecados, cuando da poder para anunciar el Evangelio, cuando da facultad para transmitir su gracia a través de los sacramentos del bautismo y del perdón. De hecho los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento, dice el evangelista.

De manera positiva, el Evangelio es anuncio del amor de Dios, como lo canta jubiloso san Pablo en la segunda lectura: Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en él con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El Evangelio es anuncio del destino glorioso que Dios ha creado para nosotros. Cuando creemos en el Evangelio, a través del bautismo y de la confirmación quedamos ungidos con el Espíritu Santo, que se convierte en anticipo, en garantía de la gloria que esperamos. Ustedes han sido marcados con el Espíritu Santo prometido, que es garantía de nuestra herencia, mientras llega la liberación.

También envía Jesús a sus discípulos a curar a los enfermos. Pensamos en los que sufren enfermedad corporal. Con frecuencia esos fueron los enfermos que Jesús curó. Pero si examinamos otra vez el modo como se ha desarrollado la actividad evangelizadora de la Iglesia podemos obtener un criterio para interpretar el mandato de Jesús. Efectivamente los enfermos han recibido siempre atención de parte de los pastores de la Iglesia a través de la visita, la administración del sacramento y de la santa comunión. Algunos santuarios católicos son famosos por la frecuencia de curaciones milagrosas que ocurren allí. Pero esa no es la finalidad principal de la actividad evangelizadora de la Iglesia, a menos que entendamos la enfermedad de modo más amplio. Todos los seres humanos estamos enfermos de muerte, estamos seguros de que tarde o temprano moriremos. Las enfermedades corporales son anticipo de la muerte final. Algunos enfermos pasan por crisis tan graves que llegan hasta el mismo borde su muerte. Esa es la enfermedad principal que Jesús vino a curar y para la que envió a sus discípulos: los envió a curar a la humanidad de su mortalidad. Esa sí ha sido la tarea principal de la Iglesia siempre: curar de la enfermedad de la muerte a quien cree en Jesús, no en el sentido que la muerte nunca llegue, sino en el sentido de que la muerte no tenga la palabra final en la existencia del que cree en Jesús.

La segunda cosa que conviene señalar en el evangelio son las condiciones del envío. ¿Cómo debe actuar el evangelizador, qué debe llevar consigo? Las instrucciones que da Jesús, en su materialidad responden a las condiciones en las que los predicadores cristianos ambulantes de la primera época ejercían el ministerio. Pero Jesús los invita no solo a la sobriedad como signo de pobreza, sino sobre todo a la sobriedad como signo de confianza. De hecho si se compara este pasaje de hoy con el relato similar en los otros evangelios veremos que cada uno recordó con variantes lo que el evangelizador debía o no debía llevar. No es por tanto importante el número de cosas que llevaba o no llevaba, sino la actitud. El enviado confía solo en Dios. Su fuerza es el Señor. Va como enviado, como mandadero de Jesús, y eso lo expresa en la sobriedad de su porte, en el despojo de todo recurso de fuerza humana. Como dice san Pablo, este tesoro del Evangelio y de la gracia de Dios, lo llevamos en vasijas de barro, en nuestra propia pobre humanidad, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros (2Cor 4,7).

Quiero recordar la importancia de orar para que el Señor siga llamando hoy a muchos jóvenes para enviarlos como sacerdotes. Necesitamos orar, pero necesitamos proponer. Jesús llama a través de cada uno de ustedes. Debemos tener la iniciativa para acercarnos a los jóvenes que vemos con cualidades para ser sacerdotes y decirles: “Joven, creo que tienes cualidades para ser sacerdote; no sé si lo has pensado. Te pido que lo pienses y le preguntes al Señor en la oración si esa es tu vocación”. Quiera Dios que de ese modo lleguemos a tener dentro de algunos suficientes sacerdotes para este pueblo de Dios.

 
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