Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

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Lunes, Miércoles, Viernes:
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Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

El Domingo de Ramos combina acentos y aspectos diversos de nuestra fe. Por una parte, la bendición de los ramos y la procesión que le sigue tiene un acento festivo. Los creyentes reconocemos a Jesús como nuestro Rey y Señor, lo aclamamos como nuestro Salvador, anticipamos con júbilo su futura venida en la gloria. Por otra parte, las tres lecturas de la liturgia de la Palabra de la misa centran nuestra atención en la pasión del Señor, en su sufrimiento por nosotros, en su obediencia hasta la muerte para nuestra salvación.

La liturgia de hoy comenzó en la calle. Allí se bendijeron los ramos de palma con el fin de que nos sirvieran para expresar nuestra fe en Cristo. De hecho durante la lectura del evangelio teníamos en nuestras manos los ramos para indicar que recibíamos gozosos a Cristo que llegaba hasta nosotros a través de las palabras del evangelio. Luego, con nuestros ramos en las manos, dimos la vuelta al parque, para expresar nuestra alegría de ser creyentes, nuestro gozo de haber encontrado en Jesús a nuestro Salvador, nuestra esperanza de recibirlo cuando vuelva al final de los tiempos. Los ramos de palma allí cumplieron su función. Si los llevamos a casa es para recordarnos que ellos son símbolo de nuestra fe en Jesús, Rey del Universo.

Ahora acabamos de escuchar un pasaje del profeta Isaías que anticipa las palabras de Jesús en su pasión: ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos. También san Pablo, en la segunda lectura, nos ha recordado las actitudes que guiaron a Jesús en su pasión. En primer lugar su humildad, pues Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. En segundo lugar, la otra actitud que guía a Cristo en su pasión es su obediencia: Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz. Pero esa humildad y obediencia de Cristo, recibieron reconocimiento de parte de Dios Padre, cuando lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Actuando de esta manera, Jesús nos dio un ejemplo, nos marcó un estilo de vida, para que también nosotros, unidos a él, vivamos en actitud de humildad ante los hombres y en obediencia ante Dios. Cristo nos invita a vivir nuestras penas y adversidades, nuestros sufrimientos y contrariedades en unión con él, para gozar después, también con él, de la gloria de Dios. No se trata de “resignarnos” ante el mal. Siempre debemos hacer el esfuerzo por superar el mal que padecemos; pero con la convicción de que incluso si no logramos vencerlo, no por eso nuestra vida carece de sentido y propósito. Nuestra victoria definitiva sobre el mal no viene de nosotros, sino de Dios, de quien obtenemos el perdón, la victoria sobre la muerte y la vida eterna.

La lectura de la pasión da para hablar sobre muchas cosas. Yo quiero destacar solo una. Cuando a Jesús lo capturan en el huerto, él respondió a sus captores y les dijo: ¿Salieron ustedes a apresarme con espadas y palos, como si se tratara de un bandido? Todos los días he estado entre ustedes, enseñando en el templo y no me han apresado. Pero así tenía que ser para que se cumplieran las Escrituras. Estas palabras de Jesús dan a entender que los acontecimientos de la pasión no se desarrollaron al azar, o según una planificación meramente humana, sino según el designio inescrutable de Dios. Los que apresaban a Jesús siempre lo tuvieron a su alcance en un lugar público como el templo, pero vinieron a capturarlo en un lugar escondido, de noche, necesitados de un guía que los condujera hasta él. A lo largo del relato de la pasión hay numerosos comentarios que indican que el desarrollo de los acontecimientos no es el resultado de coincidencias fortuitas, sino del designio de Dios. Jesús sabe lo que va a ocurrir, de modo, que al principio de todo el relato, anticipa su muerte expiatoria a favor de la humanidad, cuando toma, bendice y reparte el pan indicando que es su cuerpo que será entregado y bendice y reparte el cáliz con vino declarando que es su sangre de la alianza, derramada por todos. De principio a fin, la historia de la pasión es desarrollo de un designio divino, en el que se manifiesta su amor por nosotros, su voluntad de salvación, su propósito de abrir para todos caminos de perdón y de vida. Dios también ejerce su designio amoroso sobre nosotros. Sobre todo quien se acoge a ese amor, une su vida a Cristo por la fe y los sacramentos, debe saber que de manera imperceptible todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que él ha llamado según sus designios (Rm 8,28).

Celebremos pues esta Semana Mayor, sobre todo el Triduo Pascual, con agradecimiento, con fe, con deseo de servir a Dios en nuestro prójimo. La propaganda comercial nos presenta la Semana Santa como tiempo de vacaciones, de diversión, de playa y paseo, de entretenimiento y distracción. No todo lo que se nos propone es congruente con lo que los creyentes estamos celebrando. Cada uno de nosotros debe hacer un discernimiento interior: cómo debo ocupar mejor mi tiempo en estos días, para que mis acciones y actividades sean una respuesta a Dios que me amó tanto y de tal modo que entregó a su Hijo por mí, para que mi vida tenga sentido y yo tenga esperanza.

 
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