Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 11° Ordinario

 

En el evangelio Jesús cuenta dos parábolas, y en la primera lectura, Dios expresa sus propósitos a través de otra parábola parecida.  La parábola de la semilla que crece por sí sola es propia del evangelio según san Marcos.  Describe lo que ocurre con una semilla en el campo.  El agricultor prepara la tierra, la abona, el cielo da la lluvia oportuna y el sol la luz necesaria.  Pero la semilla misma tiene una dinámica propia.  La semilla germina por sí sola, echa el primer brote, crece el tallo, salen las hojas, florece y finalmente da fruto.  Todo ese proceso es autónomo; no depende del agricultor, que solamente crea las circunstancias propicias.  Eso es lo que sucede con el reino de Dios, dice Jesús.

Efectivamente el reino de Dios tiene una dinámica propia.  Su realización depende de Dios, no de nosotros.  Nosotros ni lo construimos ni lo sofocamos.  Dios tiene sus tiempos, tiene sus cadencias, tiene dispuestas las etapas de su desarrollo aquí en la tierra y su plenitud en el cielo.  Nosotros podemos ser dóciles para entrar en la dinámica del reino de Dios o ser reacios para mantenernos al margen del reino.  En la medida en que seamos dóciles, el reino de Dios podrá tener una mayor realización entre nosotros.  Pero nosotros no podemos construirlo, desarrollarlo o detenerlo.  El reino de Dios es suyo, no nuestro; lo construye él, no nosotros.  Pienso que con esta parábola, Jesús está confesando y proclamando la absoluta soberanía de Dios en el desarrollo de su plan de salvación.  Atravesamos momentos de incertidumbre, de ambigüedad no solo en la historia humana, sino en la misma historia de la Iglesia inserta en la historia humana.  La Iglesia es el instrumento por el cual Dios desarrolla su reino en su etapa temporal aquí en la tierra.  Pues bien, Jesús nos anima y nos enseña a vivir con confianza puesta en Dios.

Así como el agricultor prepara la tierra, la abona, la riega, pero la semilla crece por sí misma, ciertamente nos corresponde crear las condiciones favorables para que el reino de Dios se desarrolle entre nosotros.  La santidad de nuestra vida, la búsqueda de la verdad, la servicialidad y caridad con el prójimo, la coherencia moral en nuestras acciones son algunas de las cosas que podemos hacer nosotros para favorecer el desarrollo del reino de Dios.  Con ellas nosotros mismos entramos en la dinámica del reino de Dios. Pero el desarrollo de ese reino está exclusivamente en las manos de Dios.  Es pura gracia.  Esto es motivo de confianza, de alegría, de esperanza para nosotros.

La otra parábola que Jesús nos cuenta hoy en el evangelio es la de la semilla de mostaza, que siendo tan pequeñita se transforma después en un arbusto que puede dar cobijo a los pájaros del aire.  El profeta Ezequiel, por otra parte, es portavoz de Dios que describe su propósito por medio de una parábola.  Dice Dios que tomará un retoño, por lo tanto, una plantita que apenas germina, la plantará en un monte, y ese retoño se convertirá en un gran cedro que echará ramas y dará frutos, de modo que todos los pájaros del cielo harán en él su nido.  Dios sigue explicando a través del profeta, que de ese modo, los árboles sabrán que él, Dios, es soberano.  Humillo los árboles altos y elevo los árboles pequeños, seco los árboles lozanos y hago florecer los árboles secos. 

Ambas parábolas describen el poder de Dios que actúa muchas veces por medios pequeños, insignificantes a los ojos humanos.  La humillación de la muerte de Cristo se ha transformado en la gloria de la resurrección.  A través de la pequeñez del anuncio del evangelio, Dios realiza la salvación en el creyente.  Los sacramentos, signos tan humildes, transmiten la gracia de la vida eterna.  En personas insignificantes a los ojos del mundo, brilla la santidad de Cristo.  Con ministros débiles y limitados, Dios lleva adelante el anuncio de su reino.  Se pueden multiplicar de cómo por medio de la pobreza y de la pequeñez, Dios realiza grandes obras.  La realización del reino de Dios no deslumbra según los criterios humanos.  Vienen a la mente aquellas palabras de san Pablo, cuando suplica a Dios que lo libre de sus debilidades, y Dios le responde: Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad.  Y Pablo concluye: Gustosamente, pues, seguiré enorgulleciéndome de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo (2Cor 12, 9).

Finalmente la segunda lectura nos recuerda la dinámica propia de nuestra existencia en la tierra: sabemos que, mientras vivimos en el cuerpo, estamos desterrados, lejos del Señor.  Caminamos guiados por la fe, sin ver todavía.  Efectivamente el cristiano sabe que su vida en la tierra es el preámbulo de su existencia definitiva que tendrá lugar en el cielo.  Pero no nos saltamos esta existencia temporal como con una pértiga, pretendiendo estar en el cielo cuando todavía estamos en la tierra.  Al contrario, conscientes de que el camino al cielo lo hacemos aquí en la tierra, procuramos vivir aquí en la dinámica del reino de Dios, haciendo el bien y construyendo con nuestras acciones condiciones de vida más humanas para todos.  Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir el premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida.  Por lo tanto procuramos que en todos los ámbitos de nuestra existencia, en la familia, en el trabajo, en la comunidad, nuestra conducta y nuestras acciones estén encaminadas a crear las condiciones para que las realidades temporales en las que vivimos entren en la dinámica del reino de Dios.

No podemos dejar de pensar en las ambigüedades e incertidumbres políticas por las que atraviesa Guatemala.  A veces pensamos que es poco lo que podemos hacer.  Pero cosas tan sencillas como salir a manifestar para pedir una administración del Estado más transparente y responsable han ayudado a crear la conciencia de que las cosas no pueden seguir como siempre.  En la medida en que mantengamos la honestidad y la responsabilidad también en nuestros trabajos y negocios, estaremos contribuyendo al bien común.  En el proceso electoral actual, no nos dejemos engañar por promesas irrealizables.  Sepamos discernir a los candidatos menos malos. Y sobre todo, con la legislación electoral actual, debemos elegir y no votar nulo, pues esa opción, votar nulo, deja el resultado de la elección a otros, porque queramos o no, alguno de los candidatos será electo.  Oremos al Señor que en el proceso electoral sepamos elegir diputados y gobernantes con criterio.

 
VATICANO CELAM GUATEMALA CLAR AGUSTINOS RECOLETOS JAR AGUSTINIANO RADIO MARIA