Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
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Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
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Oficina

Lunes a Viernes

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Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

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Domingo 4° de Pascua

 

Hoy es el Domingo del Buen Pastor.  Se llama así, porque en la misa de hoy se lee un pasaje del capítulo 10 del evangelio según san Juan, en el que Jesús se describe a sí mismo y a su ministerio con la imagen de un pastor responsable del rebaño bajo su cuidado.  El ministerio sacerdotal es actualización del ministerio pastoral de Jesucristo.  Por eso hoy es un día dedicado a la oración por las vocaciones sacerdotales.  Oramos para que el Señor dé a su Iglesia ministros que hagan presente en la Iglesia a Jesús Buen Pastor.  Oramos para que haya jóvenes que se pregunten si el sentido y rumbo de su vida está en ofrecerse a Jesús para ser pastores como Él.  Hoy también en la Arquidiócesis de Los Altos hacemos una colecta especial para apoyar financieramente el trabajo del Seminario Mayor Nacional de la Asunción, donde se forman los seminaristas que servirán a la Iglesia en Guatemala.

Jesús se presenta como pastor ejemplar, pastor modelo, porque sabe que antes de él hubo y después de él habrá quienes tengan la responsabilidad de guiar al pueblo de Dios y lo hagan mal, lo hagan para beneficio propio, lo hagan buscando otros intereses.  Jesús centra la ejemplaridad del buen pastor en dos rasgos.  Primero destaca su capacidad de sacrificar su vida a favor del rebaño.  El buen pastor da la vida por sus ovejas.  Para Jesús, su ministerio de buen pastor encuentra su realización plena en el sacrificio de la cruz.  El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar.  Nadie me la quita; yo la doy porque quiero.  Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar.  Pero ese acto supremo de donación de sí mismo, que tuvo lugar en la cruz, no fue un acto aislado al final de su vida, sino que fue el término de una vida caracterizada por el don de sí.  Todo lo que antecedió a la entrega de la cruz fueron acciones con las que se donó a sí mismo a los demás.  Su voluntad de viajar y caminar de un sitio para otro para anunciar la Buena Nueva y curar a los enfermos; su propósito de otorgar el perdón de Dios y de reconciliar a los hombres entre sí; sus fatigas, sus cansancios, sus preocupaciones, todas esas obras de Jesús fueron expresión de una vida entera concebida como entrega.  El culmen, meta y plenitud de esa actitud fue la muerte en la cruz.

Si los sacerdotes somos actualización del ministerio del buen pastor, el signo usual de que también nosotros damos la vida por las ovejas de Jesús no será una muerte violenta de mártir al final de nuestros días, que hoy se sigue dando solo en algunos.  Esa fue la entrega máxima de Jesús y en ese punto lo imitan los mártires.  Pero en el ministerio ordinario, los sacerdotes y obispos nos identificaremos con el buen pastor Jesús en la medida en que nuestro ministerio esté representado por la entrega en el servicio cotidiano.  En primer lugar en la predicación de la palabra de Dios.  El obispo o el sacerdote imitan al buen pastor Jesús en la medida en que se esfuerzan para que a través de su palabra y de su enseñanza, el Evangelio llegue a más personas y se transmita auténticamente de manera que se conozcan las enseñanzas de Jesús, la palabra de Dios, y no nuestras ideas propias, nuestras doctrinas personales. El obispo o el sacerdote también imitan al buen pastor en la medida en que oran como Jesús por los fieles que les han sido confiados.  Hacen presente al buen pastor cuando trasmiten la salvación de Jesús a los fieles a través de la celebración digna y significativa de los sacramentos, en especial de la eucaristía, de la penitencia, de la unción de enfermos.  El obispo y el sacerdote imitan al buen pastor en la medida en que, como Jesús, consuelan a los tristes, acompañan a los enfermos, a los encarcelados, a los migrantes, a los ancianos y a quienes sufren, en la medida en que reciben y acogen a quienes se les acercan y van en busca de quienes se mantienen lejos, en la medida en que fomentan la unidad de todos con Dios y entre sí mismos.

Jesús da un segundo criterio de ejemplaridad: el conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas.  Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre.  Este conocimiento mutuo entre el pastor y las ovejas es semejante al conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo.  Esta comparación significa que se trata de algo más profundo que el simple conocimiento que proviene del trato social.  No se refiere a que conoce su nombre, sabe de dónde vienen, conoce algo de la historia de su vida, está enterado de sus penas y esperanzas.  El conocimiento entre el Padre y el Hijo se funda en que comparten la vida, se refieren el uno al otro; entonces el conocimiento con el que Jesús conoce a sus ovejas procede del hecho de que comparte la vida con ellas.  Posiblemente Jesús aluda aquí al don del Espíritu Santo que dará a sus discípulos.  ¿Cómo se traduce esta cualidad del buen pastor a la vida del obispo y del presbítero?  El obispo y el sacerdote buen pastor no solo conocen a las personas bajo su responsabilidad pastoral por su nombre y apellido y saben dónde viven y qué les pasa.  El obispo y sacerdote que imitan al buen pastor Jesús saben que comparten la misma vida de gracia, forman una sola Iglesia y están unidos en Dios junto con las personas que le han sido confiadas.  En la medida en que esa realidad espiritual adquiere consistencia humana y social, por la atención, la presencia, el acompañamiento se realizará más plenamente ese conocimiento mutuo del que habla Jesús.  Pero las ovejas también escuchan y conocen al pastor, le son dóciles, confían en él y no lo ven como un simple funcionario de lo sagrado y vendedor de sacramentos, sino como pastor que guía hacia la vida eterna.

También dice Jesús que tiene otras ovejas que debe traer al redil.  Con esas palabras Jesús alude al alcance universal de su misión, a la dimensión misionera de su ministerio, a la proyección hacia fuera de su acción pastoral.  Hay muchas ovejas en busca de pastor; hay muchas personas en busca de quien tenga palabras de vida, que sólo las tiene Jesús.  El sacerdote y el obispo también son misioneros para llevarles esas palabras de vida.

Jesús se propone como pastor ejemplar.  Por eso, obispos y sacerdotes debemos mirarnos en Jesús el buen pastor para el ejercicio justo de nuestro ministerio.  Y ustedes deben animar, apoyar y rezar para que podamos ser sacerdotes según el modelo que tenemos en Jesús y para que haya muchos jóvenes dispuestos a ofrecerse para seguirlo.

 
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