Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 23° Ordinario

El relato de la curación del sordomudo que acabamos de escuchar es propio del evangelista san Marcos. Solo él lo cuenta. Jesús viene de regreso de una gira por territorio de extranjeros. En eso le traen a un hombre. No llega por sí solo ante Jesús, son otros los que lo llevan. El hombre es sordo y por lo tanto tartamudea al hablar. Quien no oye tampoco puede hablar bien. Los que lo traen lo presentan a Jesús para que le imponga las manos, en señal de bendición, quizá también como gesto de curación.

Domingo 22° Ordinario

Después de cinco domingos en los que escuchamos sucesivos pasajes del capítulo 6 del evangelio según san Juan, volvemos otra vez al evangelio de san Marcos. Hemos escuchado el relato de un episodio, que en principio nos puede parecer extraño, sin pertinencia a nuestras preocupaciones actuales, pero enseguida veremos que también nos ayuda a esclarecer situaciones de nuestro tiempo.

En sustancia los maestros fariseos reclaman a Jesús que sus discípulos no cumplen con las leyes de pureza ritual, y

Domingo 21° Ordinario

El pasaje que acabamos de escuchar es la conclusión de la gran revelación que Jesús hace de sí mismo ante sus discípulos y el pueblo judío. Él se ha manifestado como pan de vida que hay que comer creyendo en él para tener vida eterna, y también ha manifestado que hay que comer su carne y sangre para alcanzar la propia resurrección. Él se ha manifestado como la referencia esencial y única que tiene el ser humano para alcanzar la plenitud para la que ha sido creado.

Domingo 20° Ordinario

Acabamos de escuchar el final de la enseñanza de Jesús acerca del pan de vida. En la primera parte, él se ha presentado como el pan verdadero, el pan que da vida eterna. Un pan que hay que comer creyendo en él como el Hijo de Dios. Pero Jesús da un paso más. Nos dice que nos alimenta no solo como pan que hay que comer creyendo en él. Jesús también se nos da como alimento que debemos comer en la santa eucaristía. El pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida. Su audiencia protesta. ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Jesús no suaviza su lenguaje, no da explicaciones de que se trata solo de un símbolo, sino que reafirma el realismo de su enseñanza: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Domingo 19° Ordinario

El pasaje del evangelio que acabamos de escuchar es la continuación del que leímos el domingo pasado. Hace una semana, el evangelio concluía con una declaración audaz y admirable de Jesús: Yo soy el pan de la vida. El pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. Con esas palabras Jesús se manifiesta como Dios, como aquel capaz de saciar la profunda sed de eternidad y plenitud del corazón humano. Él, que a los ojos de los hombres, aparecía como un hombre más. Por eso aquellos que adversan a Jesús, que se resisten a creer en él, protestan, murmuran: ¿No es este, Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo? Como conocían a su familia y su origen humano, no podían creer que tuviera un origen divino también.

 
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