Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm


Solemnidad de la Santísima Trinidad

En las fiestas de la Navidad y de la Pascua conmemoramos las obras de Dios en nuestro favor, las maravillas de Dios para nuestra salvación. En la solemnidad de la Santísima Trinidad celebramos a Dios en sí mismo, nos alegramos de que Dios sea como es.

Solemnidad de Pentecostés

El Espíritu Santo es el don de Jesús Resucitado a sus discípulos. La comunicación del Espíritu Santo de Jesús a sus discípulos es el modo como él comparte con nosotros la vida resucitada. O dicho de modo negativo, si Jesús Resucitado no hubiera comunicado a los discípulos su Espíritu Santo, la salvación sería solo en beneficio de Jesús, solo él habría resucitado, pero nosotros habríamos quedado en nuestros pecados y cautivos de la muerte. En cambio, al comunicar a los discípulos el Espíritu Santo, Jesús nos comunica la vida divina, la victoria sobre el pecado y sobre la muerte. El don del Espíritu Santo es el inicio de nuestra propia resurrección. Por eso, cuando celebramos la Pascua, celebramos no solo la resurrección de Jesús, sino también la nuestra con él.

El evangelio según san Juan da testimonio de cómo Jesús anunció, de muchas maneras, que después de su resurrección los discípulos de entonces y de ahora recibiríamos el don del Espíritu Santo que realiza en nosotros la salvación de la muerte que él, Jesús, ganó para sí y para nosotros a través de su resurrección. Por eso la fiesta de Pentecostés es, no solo el término y final del tiempo pascual, sino también el culmen y meta de la Pascua.

Domingo 7° de Pascua

Solemnidad de la Ascensión del Señor

El evangelista san Lucas, tanto al final de su evangelio como al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles, dice explícitamente que después de la resurrección, Jesús visiblemente subió al cielo para no dejarse ver ya más de los Doce. Se apareció después a san Pablo, pero de manera extraordinaria. Otros evangelistas, como san Mateo, no hablan de la ascensión de Jesús al cielo, pero la presuponen. Cuando el evangelista Mateo narra la última aparición de Jesús a sus discípulos, dice que Jesús se presentó ante ellos en Galilea, y les dijo que había recibido todo poder en el cielo y en la tierra, es decir, que ya había sido establecido en la gloria de Dios.

Domingo 6° Ordinario

Las lecturas de hoy hablan de amor; tanto que, si entendemos mal, pueden resultar empalagosas. Nosotros asociamos la palabra “amor” con sentimientos y afectos, con caricias y besos. Pero por ese camino vamos equivocados para entender el mensaje de Jesús en el evangelio y el del apóstol Juan en la segunda lectura. Porque el amor del que habla la Escritura tiene que ver más bien con entrega y abnegación, con sacrificio y magnanimidad, que con sentimientos y afectos. Y como el modelo del amor es el de Dios, escuchemos una vez más cómo lo describe el apóstol: el amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él. El amor consiste en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados. El amor consiste en que Dios ha creado un ámbito de gratuidad en el que es posible el perdón y el arrepentimiento, la misericordia y la conversión. Lo ha hecho por medio del envío de su Hijo a este mundo, quien al morir por nosotros, gratuitamente y sin recibir nada a cambio, nos ofreció la vida que dura para siempre.

Domingo 5° de Pascua

Acabamos de escuchar el pasaje inicial del capítulo 15 y el próximo domingo leeremos los versículos siguientes del mismo capítulo. Jesús describe su relación con los discípulos con la imagen de la vid y los sarmientos. Cristo resucitado comunica su vida nueva a quienes creen en él y viven unidos a él. La condición imprescindible es la de permanecer en Jesús. Él se presenta como la verdadera vid. ¿Qué quiere decir la palabra verdadera como cualidad de la vid? Jesús usó también esa expresión cuando habló de sí mismo como el pan verdadero, o cuando dijo que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida (cf. Jn 6, 32.55). En ese contexto, la palabra “verdadero” significa “que da vida eterna”, “que da vida consistente”. Se contrapone a los alimentos que solo nutren esta vida temporal. El alimento que realmente desea el corazón humano es el que alimenta para la eternidad, que por eso es verdadero. Pues de igual modo, Jesús es la vid verdadera, porque solo él comunica la vida eterna a los sarmientos que permanecen unidos a él. Frente a falsos salvadores que ofrecen salvaciones inconsistentes y engañosas, Jesús comunica la vida que dura para siempre, y por eso es vid verdadera.

 
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