Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 6° Ordinario

Las lecturas de hoy hablan de amor; tanto que, si entendemos mal, pueden resultar empalagosas. Nosotros asociamos la palabra “amor” con sentimientos y afectos, con caricias y besos. Pero por ese camino vamos equivocados para entender el mensaje de Jesús en el evangelio y el del apóstol Juan en la segunda lectura. Porque el amor del que habla la Escritura tiene que ver más bien con entrega y abnegación, con sacrificio y magnanimidad, que con sentimientos y afectos. Y como el modelo del amor es el de Dios, escuchemos una vez más cómo lo describe el apóstol: el amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envió al mundo a su Hijo unigénito, para que vivamos por él. El amor consiste en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados. El amor consiste en que Dios ha creado un ámbito de gratuidad en el que es posible el perdón y el arrepentimiento, la misericordia y la conversión. Lo ha hecho por medio del envío de su Hijo a este mundo, quien al morir por nosotros, gratuitamente y sin recibir nada a cambio, nos ofreció la vida que dura para siempre.

Domingo 5° de Pascua

Acabamos de escuchar el pasaje inicial del capítulo 15 y el próximo domingo leeremos los versículos siguientes del mismo capítulo. Jesús describe su relación con los discípulos con la imagen de la vid y los sarmientos. Cristo resucitado comunica su vida nueva a quienes creen en él y viven unidos a él. La condición imprescindible es la de permanecer en Jesús. Él se presenta como la verdadera vid. ¿Qué quiere decir la palabra verdadera como cualidad de la vid? Jesús usó también esa expresión cuando habló de sí mismo como el pan verdadero, o cuando dijo que su carne es verdadera comida y su sangre verdadera bebida (cf. Jn 6, 32.55). En ese contexto, la palabra “verdadero” significa “que da vida eterna”, “que da vida consistente”. Se contrapone a los alimentos que solo nutren esta vida temporal. El alimento que realmente desea el corazón humano es el que alimenta para la eternidad, que por eso es verdadero. Pues de igual modo, Jesús es la vid verdadera, porque solo él comunica la vida eterna a los sarmientos que permanecen unidos a él. Frente a falsos salvadores que ofrecen salvaciones inconsistentes y engañosas, Jesús comunica la vida que dura para siempre, y por eso es vid verdadera.

Domingo 4° de Pascua

Este es el cuarto domingo del tiempo pascual. Todos los años, en este domingo, leemos un pasaje tomado del capítulo 10 del evangelio según san Juan, en el que Jesús describe su misión redentora con la imagen del “buen pastor”. Por eso, también este domingo está dedicado a la oración por las vocaciones al sacerdocio y en nuestra Arquidiócesis hacemos una colecta especial para el sustentamiento del Seminario Mayor Nacional.

Domingo 3° de Pascua

Hoy es el tercer domingo de pascua. En este domingo, todos los años, escuchamos la lectura de una de las apariciones de Jesús resucitado. Acabamos de leer el relato de la aparición de Jesús a los apóstoles en la noche de la resurrección, según la versión de san Lucas. Este relato no es exactamente igual al que nos cuenta san Juan para ese mismo día y lugar, pero tiene muchos rasgos parecidos. Las diferencias se pueden explicar quizá porque los evangelistas sintetizaron cada uno en su relato de esta aparición de Jesús, elementos de otras apariciones de Jesús, cada uno según su sensibilidad teológica.

Domingo 2° de Pascua

Hoy se cumplen los ocho días desde la Pascua. Hoy es el octavo día de esta primera semana de Pascua, que celebramos como si de un solo día se tratara. El evangelio nos habla de dos apariciones de Jesús: una, el día de la resurrección y otra, ocho días después, un día como hoy. En la primera aparición, Jesús se hace presente en medio de los discípulos, a pesar de que las puertas están trancadas. Los saluda con la paz y les muestra las manos y el costado, seguramente para que viendo las heridas de la crucifixión comprendieran que se trataba de Él, y no de otro ser. Luego los vuelve a saludar con el deseo de paz y les da una misión: como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Esa comparación no es solo externa, como si dijera: el Padre me envió a mí; ahora yo los envío a ustedes. Esa comparación es interna: los envío con el mismo encargo con el que el Padre me envió a mí, los envío con la misma misión. Por eso sopla sobre ellos al Espíritu Santo, pues ese es el contenido de la misión. El Padre envió a Jesús con la fuerza del Espíritu para dar vida eterna, y ahora Jesús envía a los discípulos comunicándoles el Espíritu, para que a través de ellos ese Espíritu se comunique a todos los que crean en Jesús y así también tengan vida. Quien tiene el Espíritu de Jesús, vive en Jesús, como Jesús vive en el Padre.

 
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