Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Solemnidad de la Epifanía del Señor

El evangelio según san Mateo cuenta que un tiempo después del nacimiento de Jesús en Belén sucedió un acontecimiento extraordinario.  Unos magos procedentes del Oriente, es decir, de entre los pueblos paganos del área de Persia o de Arabia, se presentaron en Jerusalén indagando por el rey de los judíos que acaba de nacer.  Habían hecho el viaje con el fin de adorarlo.  No venían a conocerlo, a felicitar a sus padres, a entablar buenas relaciones internacionales, venían a realizar un acto religioso: postrarse ante él y adorarlo.  Estos hombres evidentemente sabían mucho.  Sabían que habría un rey de Israel, que no sería uno más, sino el rey de los judíos, que tendría condición divina, por lo cual merecería adoración.  Es evidente que aunque se llame rey de los judíos merece también que ellos, gentiles paganos, lo adoren.  Para ellos el rey de los judíos será luz y salvador.  Ellos estaban seguros de lo que buscaban, pues habían visto surgir la estrella del rey.  El nacimiento de un personaje tan importante se les había manifestado mediante un signo en el cielo, que estos magos orientales habían sabido interpretar correctamente y por eso se habían puesto en camino para venir a adorarlo en Jerusalén, donde reside el rey.

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

1° de enero de 2018 - Ciclo B

 

En la liturgia de la Iglesia, el año civil comienza con la mirada vuelta hacia la Virgen María, Madre de Dios. A los ocho días de haber celebrado el nacimiento humano del Hijo de Dios, celebramos a la madre que lo engendró, lo gestó y lo dio a luz, y a la que, por eso veneramos como Madre de la Iglesia. El año civil comienza bajo la protección maternal de María, que nos presenta a su Hijo Jesucristo, como luz de las naciones y salvador de la humanidad.

Domingo dentro de la Octava de Navidad

Fiesta de la Sagrada Familia

La Iglesia ha instituido la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, para que demos gracias a Dios por nuestras familias y tomemos conciencia de la importancia de la familia, que es tanta, que hasta el Hijo de Dios para venir al mundo, lo hizo en el seno de una familia, constituida a partir del matrimonio de José y María. Quiero por lo tanto que esta homilía destacar los valores de la familia, anunciar su importancia y su belleza e invitar a todos a formar familias íntegras, sólidas y funcionales como camino de la propia santidad de sus miembros y camino también para una sociedad más sana y más humana.

Solemnidad de la Navidad del Señor
Misa de “Medianoche”

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.  La conmemoración de ese nacimiento nos congrega esta noche.  Nuestros abuelos en la fe asistían a esta misa literalmente a la medianoche, pues según cuenta la parábola de las muchachas previsoras y negligentes, a medianoche se oyó un grito: “Ya llega el esposo, salgan a su encuentro”.  Como si de un ensayo final para el encuentro con el Señor que viene a salvarnos, aquellos cristianos de antaño decidieron salir con sus lámparas encendidas y bien provistas de aceite a recibir espiritualmente al Señor que llega a nosotros en la conmemoración de su nacimiento.  Hoy nosotros hemos perdido la sensibilidad a esos símbolos que expresan nuestra esperanza y ya no le vemos mucho sentido a eso de venir medianoche a encontrarnos con Jesús que viene en la misa, como un ensayo para la segunda venida, ―aparte de que tememos el frío y nos preocupa la seguridad.  Pero sí le vemos mucho sentido a santificar el inicio de esta noche con esta santa eucaristía.  A nosotros nos habla mejor el símbolo de la luz en medio de las tinieblas.  Nos aplicamos con gusto la primera frase de las lecturas de hoy: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz, sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.

Domingo 4° de Adviento

Cielos, destilen el rocío; nubes, lluevan la salvación; que la tierra se abra, y germine el Salvador.  Esa es la súplica en la antífona de entrada de la misa de hoy.  Es un texto que no se lee ni se canta usualmente, pero ahí está.  Es una petición al cielo, a las nubes, a la tierra, para que de ellas surja el Salvador.  La tierra de la que surge el Salvador es la Virgen María; el cielo que destila rocío y las nubes que llueven la salvación son el mismo Dios, que al enviar su Espíritu Santo sobre la Virgen María la fecunda con la fecundidad de Dios, para que el hombre que de ella va a nacer sea también el Hijo de Dios.

 
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