Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 2° de Pascua

Hoy se cumplen los ocho días desde la Pascua. Hoy es el octavo día de esta primera semana de Pascua, que celebramos como si de un solo día se tratara. El evangelio nos habla de dos apariciones de Jesús: una, el día de la resurrección y otra, ocho días después, un día como hoy. En la primera aparición, Jesús se hace presente en medio de los discípulos, a pesar de que las puertas están trancadas. Los saluda con la paz y les muestra las manos y el costado, seguramente para que viendo las heridas de la crucifixión comprendieran que se trataba de Él, y no de otro ser. Luego los vuelve a saludar con el deseo de paz y les da una misión: como el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Esa comparación no es solo externa, como si dijera: el Padre me envió a mí; ahora yo los envío a ustedes. Esa comparación es interna: los envío con el mismo encargo con el que el Padre me envió a mí, los envío con la misma misión. Por eso sopla sobre ellos al Espíritu Santo, pues ese es el contenido de la misión. El Padre envió a Jesús con la fuerza del Espíritu para dar vida eterna, y ahora Jesús envía a los discípulos comunicándoles el Espíritu, para que a través de ellos ese Espíritu se comunique a todos los que crean en Jesús y así también tengan vida. Quien tiene el Espíritu de Jesús, vive en Jesús, como Jesús vive en el Padre.

Vigilia Pascual

Queridos hermanos, “esta es la noche de la que estaba escrito: ‘será la noche clara como el día, la noche iluminada por mi gozo’”. Siento que mis palabras sobran esta noche. No hay nada que explicar, cuando el amor de Dios se hace patente a nuestros ojos. No hay nada que describir, cuando los ritos mismos nos introducen en el misterio de nuestra salvación. No hay nada que aclarar, cuando la noche ha quedado iluminada por el gozo de sabernos resucitados con Cristo.

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

El Domingo de Ramos combina acentos y aspectos diversos de nuestra fe. Por una parte, la bendición de los ramos y la procesión que le sigue tiene un acento festivo. Los creyentes reconocemos a Jesús como nuestro Rey y Señor, lo aclamamos como nuestro Salvador, anticipamos con júbilo su futura venida en la gloria. Por otra parte, las tres lecturas de la liturgia de la Palabra de la misa centran nuestra atención en la pasión del Señor, en su sufrimiento por nosotros, en su obediencia hasta la muerte para nuestra salvación.

Domingo 5° de Cuaresma

El evangelista san Juan no relata el episodio de la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní. Conocemos ese momento de la vida de Jesús por los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas. Según el evangelista san Juan, después de la cena, Jesús se dirige a ese lugar para estar con los discípulos. Allí lo encuentra Judas, que viene acompañado de un destacamento de soldados romanos y de la guardia del templo. Sin embargo, el evangelista san Juan nos transmite unas palabras de Jesús acerca de su muerte, que traen a la memoria las de la oración en el huerto. De igual modo, la Carta a los hebreos, en la segunda lectura de hoy alude a las oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas que Cristo ofreció durante toda su vida, a aquel que podría librarlo de la muerte. Lo que en los sinópticos conocimos como un acto puntual, para el autor de esta carta fue una actitud de Jesús durante toda su vida. Nos desconcierta que diga que Jesús fue escuchado por su piedad, pues Jesús pidió ser librado de la muerte y murió en la cruz. Pero es que Jesús fue librado de la muerte, no porque se la evitaron, sino porque la asumió, la venció y así inauguró para sí mismo y para los creyentes la existencia más allá de la muerte en la vida eterna.

Domingo 4° de Cuaresma

El evangelio que acabamos de escuchar reproduce las palabras de Jesús en su encuentro con Nicodemo. Después de que Jesús expulsó del Templo a los vendedores, se quedó algunos días en Jerusalén, donde enseñaba y realizaba muchos signos. De modo que muchos creyeron en él. Entre esas personas que creyeron Jesús se contaba Nicodemo. El evangelista lo describe como miembro del grupo de los fariseos y personaje importante entre los judíos. Él se acerca a Jesús de noche, posiblemente para no ser visto y no sufrir las consecuencias de tener simpatías por Jesús. Nicodemo comienza por reconocer que Jesús es un maestro que enseña de parte de Dios: Maestro, sabemos que Dios te ha enviado para enseñarnos; nadie, en efecto, puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él (Jn 3,2). Pero Jesús lo instruye y le dice que hay que nacer de lo alto, nacer de nuevo, por medio del bautismo y el don del Espíritu.

 
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