Horario Parroquial

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Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

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Domingo 2° de Adviento

El apóstol san Pedro, en la segunda lectura de hoy, nos hace una advertencia muy sabia: No olviden que para el Señor, un día es como mil años y mil años, como un día.  Es una advertencia que compara el “tiempo” de Dios con el nuestro.  Dios tiene otro “tiempo”, que no se puede comparar con el nuestro; ese “tiempo” de Dios también lo llamamos “eternidad”.  Es un tiempo que no pasa, que es todo presente y que es todo él plenitud.  Lo que a nosotros nos parece un tiempo largo, como mil años, para Dios es como un día; y lo que a nosotros nos parece un tiempo breve, como un día, para Dios es un presente que no pasa.  La advertencia del apóstol tiene dos propósitos.  Por una parte nos invita a colocarnos ante la eternidad de Dios con humildad, con sencillez, con total disponibilidad; la eternidad de Dios no tiene correlación con nuestro tiempo efímero, fugaz, transitorio. 

Domingo 1° de Adviento

Iniciamos con este domingo el hermoso tiempo del adviento.  Digo que es hermoso porque es un tiempo de esperanza, y la esperanza es la principal causa de la alegría del hombre.  Quien tiene esperanza sabe que tiene futuro y quien sabe cuál es su futuro vive seguro, y quien tiene seguridad, disfruta de la alegría.  Mientras que el futuro normalmente nos resulta amenazante, porque no sabemos lo que traerá, para el creyente, el futuro tiene una certeza: Dios nos dará la vida, nos colmará con su plenitud y se verá cumplida nuestra alegría.  Adviento es el tiempo para contemplar esas promesas de Dios y alegrarnos anticipadamente en ellas.  Es verdad que el adviento es el tiempo para preparar la Navidad.  Pero nos preparamos a conmemorar el nacimiento de Jesús, deseando estar con él, deseando que él venga a nosotros, anhelando que se cumplan sus promesas, anticipando su venida futura acogiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía.


Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Una de las escenas más significativas del relato de la pasión de Jesús es la de su comparecencia ante la autoridad política, el procurador romano Poncio Pilato.  El interrogatorio de parte de Pilato está centrado en el cargo con que le han presentado a Jesús, el de pretender ser rey de los judíos.  En la calidad de rey de los judíos, Jesús sería antagonista del emperador romano y de su representante, el procurador Pilato, y representaría una amenaza a la autoridad en funciones.  Pilato debió sentirse asombrado de que Jesús pudiera ser acusado en serio de pretender ser rey. 

Domingo 33° Ordinario

 

Los cristianos miramos con esperanza hacia la futura venida del Señor.  Jesús mismo, hablando de sí como “el Hijo del hombre” anunció: Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad.  Los creyentes vivimos volcados hacia esa esperanza, pues la venida del Señor significa la realización plena de la salvación en la que ahora participamos de manera incipiente.  Pero entonces, el Hijo del hombre, enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.  Se realizará lo que anunció el profeta Daniel: Entonces se salvará tu pueblo; todos aquellos que están escritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para la vida eterna, otro para el eterno castigo.  Tendrá lugar la resurrección de los muertos.

Domingo 32° Ordinario

 

La segunda lectura de hoy nos ofrece el punto de partida para nuestra reflexión.  Es un pasaje de la Carta a los hebreos, en la que el autor contrasta los múltiples sacrificios por los pecados que se ofrecían en el Templo de Jerusalén en tiempos del Antiguo Testamento con el único e irrepetible sacrificio de Cristo en la cruz ofrecido una sola vez y para siempre.  La multiplicidad de los sacrificios antiguos manifestaba que en realidad eran sacrificios incapaces de quitar el pecado, de liberar al hombre de su culpa.  Los antiguos sacerdotes que oficiaban en el Templo de Jerusalén ofrecían sangre de animales; Cristo en cambio se ofreció a sí mismo a través de una obediencia hasta el derramamiento de su sangre.  De este modo, Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos.  Y no solo eso.  La muerte de Cristo en la cruz y su resurrección lograron mucho más que quitar el pecado del mundo.  Abrieron el camino para llegar hasta Dios a través de la muerte, abrieron el camino de la vida eterna para quienes mueren unidos a Cristo.

 
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