Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 2° Ordinario

 

 

El segundo domingo del tiempo ordinario, todos los años, leemos un pasaje evangélico tomado del relato de los inicios del ministerio de Jesús según el evangelista san Juan.  Este año leemos el relato del milagro realizado en Caná de Galilea, durante la celebración de una fiesta de bodas en la que estaba la madre de Jesús y a la que también llegaron Jesús y sus primeros discípulos.  El episodio de las bodas de Caná es para el evangelista san Juan el milagro de presentación de Jesús al pueblo de Israel.  Lo dice solemnemente el mismo evangelista: Esto que Jesús hizo en Caná de Galilea fue la primera de sus señales milagrosas.  Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él.  Este no es pues un milagro más, uno de tantos.  No es solo el primero, como dice la traducción litúrgica, es el milagro fontal, es el milagro del que se generan todos los demás.

Señor, al terminar este año, 
quiero darte las gracias por todo aquello que recibí de Tí.
Gracias por la vida y el amor,
por las flores, el aire y el sol,
por la alegría y el dolor,
por cuanto fue posible
y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice este año; el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas puede construir.
Te ofrezco las personas
que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguios amores,
los mas cercanos a mi y los que estan mas lejos, 
los que me dieron la mano, y aquellos a los
que pude ayudar, con los que campartí la vida,
el trabajo, el dolor y la alegría.
Pero tambien Señor hoy quiero pedir perdòn
por el tiempo perdido, por el dinero malgastado
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías,
y el trabajo mal hecho
por vivir sin entusiasmo.
Por la oración que fuí aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios,
nuevamente te pido perdón. Amen

 

La palabra latina "adventus" significa “venida”. En el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Jesucristo. La liturgia de la Iglesia da el nombre de Adviento a las cuatro semanas que preceden a la Navidad, como una oportunidad para prepararnos en la esperanza y en el arrepentimiento para la llegada del Señor.
El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia.
El tiempo de Adviento es un período privilegiado para los cristianos ya que nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Esta es su triple finalidad:

- Recordar el pasado: Celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén. El Señor ya vino y nació en Belén. Esta fue su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza. Vino como uno de nosotros, hombre entre los hombres. Esta fue su primera venida.
- Vivir el presente: Se trata de vivir en el presente de nuestra vida diaria la "presencia de Jesucristo" en nosotros y, por nosotros, en el mundo. Vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor, en la justicia y en el amor.
- Preparar el futuro: Se trata de prepararnos para la Parusía o segunda venida de Jesucristo en la "majestad de su gloria". Entonces vendrá como Señor y como Juez de todas las naciones, y premiará con el Cielo a los que han creido en Él; vivido como hijos fieles del Padre y hermanos buenos de los demás. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.
En el Evangelio, varias veces nos habla Jesucristo de la Parusía y nos dice que nadie sabe el día ni la hora en la que sucederá. Por esta razón, la Iglesia nos invita en el Adviento a prepararnos para este momento a través de la revisión y la proyección:
Aprovechando este tiempo para pensar en qué tan buenos hemos sido hasta ahora y lo que vamos a hacer para ser mejores que antes. Es importante saber hacer un alto en la vida para reflexionar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con el prójimo. Todos los días podemos y debemos ser mejores.
En Adviento debemos hacer un plan para que no sólo seamos buenos en Adviento sino siempre. Analizar qué es lo que más trabajo nos cuesta y hacer propósitos para evitar caer de nuevo en lo mismo.

Cuida tu fe
Esta es una época del año en la que vamos a estar “bombardeados” por la publicidad para comprar todo tipo de cosas, vamos a estar invitados a muchas fiestas. Todo esto puede llegar a hacer que nos olvidemos del verdadero sentido del Adviento. Esforcémonos por vivir este tiempo litúrgico con profundidad, con el sentido cristiano.
De esta forma viviremos la Navidad del Señor ocupados del Señor de la Navidad.

Catholic.net

 

“¿No oímos el clamor de la tierra y el clamor de los pobres? ¿Qué estamos haciendo con la Naturaleza?”, se pregunta el papa Francisco en la encíclica Laudato si’. Sobre el cuidado de la casa común. Francisco nos invita proteger como casa común el mundo en que habitamos, hace una llamada a fortalecer la conciencia de la común familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos; y, por eso mismo, tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia.

Francisco denuncia con sentido profético:

– “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas” (56).

– Culpar al aumento de la población y no al consumismo extremo y selectivo de algunos es un modo de no enfrentar los problemas.Además, sabemos que se desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos que se producen, y «el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre» (50).

– Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo. Nunca hemos maltratado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud (53).

– Tenemos la tentación de pensar que lo que está ocurriendo no es cierto. Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Así se las arregla el ser humano para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera (59).

La encíclica de Francisco nos invita a una conversión ecológica: una conversión que llegue al corazón y nos lleve a tener “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (111).

La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia na­turaleza. Existe una «ecología del hombre», porque «también el hom­bre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo».  En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como re­galo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación” (155).

Al final del camino de la vida –concluye Francisco– “nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios y podremos leer con feliz admiración el miste­rio del universo, que participará con nosotros de la plenitud sin fin. Jesús nos dice: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados” (243).

 
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